¿Y ahora qué?
Sí, y ahora qué les cuento yo a los niños en las jornadas de apicultura. Todos los años en el otoño, uno , dos o más colegios de primaria llamaban a la Asociación para pedir colaboración para este tipo de actividades. Y yo, Ánxel de Bimenes, socio de AGA nº 215, después de muchas colaboraciones y muchos agradecimientos de la gente y de los niños allí a donde iba, porque sabían un poco más del mundo de ese pequeño, pero importante animal, sí, ahora, después de 24 años disfrutando de ellas, de su fruto, de sus alegrías, de envidiar su empeño, su orden, la constancia de su labor, ahora estoy triste, porque creyendo que sabía algo de ellas, no soy capaz de ayudarlas, no logro encontrar una respuesta a las muchas preguntes que me hacen, las pobres, en su agonía.
Diréis que no es para tanto, y sí, lo es. Finaliza 2009 y tengo 16 colmenas, fuertes, de ellas 6 núcleos que comenzaron muy bien y están con buen movimiento. En el momento en que escribo esto, al principio de Marzo de 2010, sólo siento vida en cuatro de ellas. Y digo siento vida, porque con los fríos de estos días de este duro invierno no osan ni asomarse por la piquera.
Siento un profundo deseo de hablar con ellas y preguntarles qué les pasa, porque tiene que ser algo extraño eso de morir y con comida en abundancia a su lado; ellas, tan celosas en procurase alimento, ni miraron para él y sin dejar tarjeta de despedía abandonan la casa llena, huyen del hogar preparado para vivir con comodidades y no sienten deseos de quedarse. Se nos dice que puede ser la varroa, un enemigo que parecía, sino derrotado, con un tratado de paz firmado; otros que es algún hongo incontrolado, o loque, o mil pestilencias más, que ya sufrían, pero que no eran capaces de doblegar al más bravo “animalín”. No quiero pensar en catastrofismos, pero esto ya me preocupa en exceso y desanima. Pero no, no pude ser, esas pocas supervivientes ya están leyendo estas líneas y van a darme una gran alegría, porque van a trabajar sin descanso para que su soberana ponga miles y miles de huevos y llenar mi pueblo de frutos y volver sentir en los meses de junio, entre las flores del “Sanjuanín”, su murmullo placentero. Y tiene que ser así para que las manzanas doblen las cañas de los pomares, para que los kiwis llenen el “’horru “ en el invierno, para que los “nisos”, las peras, las cerezas nos hagan sonreír por su abundancia en mi valle y en los mas diversos valles del mundo. Tengo que seguir contando a los niños que nos hacéis falta,” animalín queríu”, y que se admiren todos de vuestra vida, de vuestro quehacer, del vuestro orden y del vuestro empeño. Eso espero, que los trasgos ahuyenten a los duendes dañinos y os devuelvan el esplendor que siempre tuvisteis. Es mi profundo deseo.
Ánxel Antón García García.